09 de mayo del 2015

Veracruz entró en un estado de indefensión que ya mismo no se sabe que es más importante si el broncón financiero en que está metido el gobierno ante la Auditoría Superior de la Federación o los 17 veracruzanos masacrados los últimos días, incluida la menor Columba Castillo, que tan irritada tiene a la ciudadanía porteña.

¿Qué será más importante, el punto de acuerdo del Congreso de la Unión que pide a la PGR llame a cuentas a funcionarios del Duartismo por multimillonarias raterías o la mofa de cierta prensa afín a Palacio,  hacia el diputado Alejandro Montano?

¿Qué prima, el tema Sedesol y los 800 millones supuestamente desviados o ese tufillo que adelanta un descalabro priista el próximo siete de junio? O, ¿Qué es más grave, la delincuencia organizada que regresó a Xalapa y al corredor Veracruz-Boca del Río o el infausto asesinato del periodista veracruzano –masacrado en Veracruz y tirado en Oaxaca- Armando Saldaña Morales, al cual se suman 12 comunicadores más ultimados en lo que va de la agonizante administración?

Habrá que insistir.

¿Qué es peor, los levantamientos de jovencitas –que no reconoce el lenguaraz fiscal Luis Ángel Bravo Contreras o este, nuestro Veracruz,  hace un lustro totalmente paralizado y rehén de la delincuencia organizada?

Bueno, señoras y señores, pues lo que gana es el show mediático y el festín de líneas dictadas. Hoy el tema es Alejandro Montano Guzmán.

Es la puerta de escape del gobierno del estado en donde se busca colocar en el ridículo al diputado priista que lo único que hizo, que ya es bastante, fue conciliar con la oposición legislativa y en lo particular con Fernando Yunes Márquez, para evitar el inminente golpe hacia quien encabeza las instituciones de gobierno que estaba puesto para ser colocado en el “Punto de Acuerdo” como el directo responsable –que lo es- por el presunto desvió de 4 mil 600 millones de pesos que deberían destinarse a la educación y salud.

El impacto, tras el multicitado “Punto de Acuerdo” del Congreso de la Unión, se derivó hacía Tarek Abdalá y Edgar Spinoso en tanto se esclarece el tema y se aleja del escenario al ejecutivo estatal.

La desinformación, sin embrago, ganó y se fue por el lado satírico.

No se revisó el fondo ni se hurgó para descubrir que en primer término la querella del senador Yunes Márquez, está sustentada en reclamo previo y documentada por la Auditoría Superior de la Federación.

En segundo término al demandarse un “Punto de Acuerdo” a propuesta panista, de manera necesaria iba cargada por un fuerte tinte político encaminado al zancadillazo a Duarte, y en tercer término a que lo único cierto e insoslayable es que la percepción ciudadana va en sentido de aplicar justicia a los responsables del quebranto financiero que vive Veracruz.

Y cuando el pueblo pide justicia hay que dársela.

Una revisión minuciosa a la postura del legislador priista muestra que existe un localizado afán por ridiculizarlo en lugar de observar las eventuales consecuencias políticas que traería su postura si defendiera a los saqueadores.

Montano Guzmán es consecuente con la dinámica federal que encabeza el mandato del presidente Peña Nieto quien ha convocado al otro poder, al legislativo, a aprobar –tal como sucedió- la Ley de Transparencia, la Ley Anticorrupción y la creación de una Fiscalía autónoma.

De ahí su postura cuando afirma en la tribuna legislativa:

“Consideramos, y estamos de acuerdo que todo hecho que representa duda para los ciudadanos sobre el actuar y quehacer de cualquier funcionario, sea investigado en las instancias de las instituciones que sean las responsables de las mismas”.

Es, en efecto, la postura de Montano, pero también de la Federación manifiesta a través de los poderes ejecutivo y legislativo, es decir, la de Peña Nieto. Es decir, el fondo nos lleva a lo mismo, a poner un hasta aquí a la impunidad.

Y es que el hartazgo es tal que no cabe el esquinazo para ningún asunto relativo a las políticas públicas que todos los días y a todas horas se ventilan, bajo sospecha, en el solar veracruzano.

Son momentos cruciales los que se viven en un Estado fallido donde la clase política aún no se repone del desgarre yunista, cuando llega el recordatorio que el tiempo se acaba porque la PGR está tocando la puerta.

No llegaba el resuello a la clase gobernante cuando más rápido que aprisa revienta la violencia pre electoral en el norte y en el sur de la mano  del escándalo de la Sedesol y los “sospechosos” 500 a 800 millones de pesos, que más parecen cuentos tejidos y filtrados desde la oficina de Marlon Ramírez, para atropellar a Marcelo Montiel por su simpatía a Pepe Yunes.

Y si ello es atorrante, por estos días se da el regreso en tiempo real de Fidel Herrera Beltrán a través de su hijo Javier Herrera Borunda, quien hace su presentación en sociedad declarando a los cuatro vientos que su papi ha sido “el mejor gobernador que ha tenido Veracruz”.

¡Ufff!

A la par los veracruzanos asesinados y cercenados en el norte, centro y sur  de la entidad de cara a un ominoso silencio oficial.

Nadie habla.

Mientras los veracruzanos están encolerizados reclamando justicia por la muerte de sus padres, de sus madres, de sus hijos y de sus hijas que son levantadas cuando salen a correr o a hacer ejercicio; cuando la delincuencia común, al igual que en el viejo oeste, balacea a plena luz del día a ciudadanos que llevan un peso demás, cuando hay odio criminal manifiesto en brutales destazamientos… cuando todo eso sucede no hay una voz de concordia, alguien en quien confiar, alguien que nos garantice que no habrá más impunidad y que solo el imperio de la ley habrá de regir en Veracruz.

Nadie dice nada.

Todos nadan de a muertito. El “si te vi ni me acuerdo” es la consigna. Nadie asume responsabilidad alguna.

Ese es el saldo en donde hoy a través de la censura ramplona  busca escapar la autoridad establecida, una fútil distracción que esconde otras realidades.

La ironía contra Alejandro Montano Guzmán hace regresar al imaginario colectivo que en un mes empieza la batalla política por la de dos. Que da comienzo la guerra en esa disputa por el poder donde han quedado colocados una terna prefijada por Cesar Camacho Quiroz, máximo dirigente priista quien solo actúa por mandato.

Una terna en donde juegan Pepe Yunes, Alejandro Montano y Héctor Yunes Landa.

Pepe y Alejandro están cabildeando y negociando en México, a través de Luis Videgaray y Miguel Alemán; Héctor con Duarte y Fidel. Los tres le apuestan a las circunstancias políticas.

Así llegó Javier Duarte.

Por ello y otras razones políticas de peso es que no puede descalificarse a Montano, quien eventualmente podría quedar colocado como el factótum de la transición.

La misma que abrirá el abanico para la sexenal y dará la oportunidad a Pepe y Héctor de jugar con nuevas barajas contra el más conspicuo y telegrafiado de los azules, Miguel Angel Yunes Linares.

Así pues, hoy se observa que así como hay una embestida contra Pepe de parte de gobierno, ya se percibe una similar contra Montano, quien de llegar, al igual que Pepe no tendrá consideración contra todos aquellos que saquearon a Veracruz.

Alejandro es un hombre institucional, con formación y apoyo castrense, de los que pregunta para no equivocarse y muy respetuoso de la línea institucional que, de llegar, se la marcarán no de la oficina de Fidel, sino desde Los Pinos.

Y será con estricto apego a la legalidad.

Así que ¿por qué tendría que solapar o tender un túnel de escape contra los saqueadores de Veracruz?

Montano, al igual que Pepe están muy cerca del Presidente Enrique Peña Nieto y esto no se acaba hasta que se acaba.

Así como hay compromiso de alianza, que no de complicidad entre Pepe y Héctor, lo hay también entre Pepe y Montano y el que no se publicite no quiere decir que no existan ya acuerdos políticos preestablecidos.

¡Ahí está del detalle, chato!

Tiempo al tiempo.