11 de mayo del 2015

A menos del primer tercio de la administración municipal de la capital veracruzana, todo es un caos.

Funcionarios corruptos. El regreso del “moche”. Cambios sin ton ni son en el primer nivel del equipo de Américo Zúñiga, y una ciudad caótica rehén de colonos, manifestantes y chantajistas.

Ese es el signo de los tiempos en Xalapa.

Un grupo de porros encabezados por el “Regidor Virtual”,  Silem García Peña, tienen cercado el ayuntamiento; han tomado el control del organismo del agua, la CEMAS, y el alcalde está colocado a mil kilómetros de distancia del gobernador Javier Duarte, quien no le perdona sus alianza futuristas.

Persiste, asimismo la percepción de que al alcalde le queda grande el saco. Que no sabe, no puede y acaso no quiere.

Las esperanzas de los jalapeños tras el arribo al poder del hijo de un distinguido jalapeño recién fallecido, don Guillermo Zúñiga Martínez, se han difuminado luego de observar la quiebra del ayuntamiento de la cual no es cómplice, aunque pareciera, tras evadir responsabilidad sobre el estado financiero que heredó de Elizabeth Morales García, al no denunciarla.

Ello desencantó a la ciudadanía.

Todo se quedó en una algarada periodística que hablaba de saqueo a la a la cual se sumaron cuantiosos y millonarios faltantes en el organismo que administra el agua, mismos que alcanzan los 50 millones de pesos.

Ya para su administración, el tema de los 19 millones destinados a publicidad tampoco ha sido aclarado del todo y pese a la denuncia de la regidora, titular de la Comisión de Gobernación, Julia Velázquez Avalos de que no recibe los estados financieros completos no hay quien le haga caso.

A ese respecto Silém, quien en los hechos es el alcalde, refutó con una simpleza: “A veces algunos regidores nos da un poquito de flojera leer los estados financieros y los anexos que nos mandan…”.

Silem en los hechos es el vigilante de los recursos financieros. El mismo que sacó la cara por Elizabeth Morales “no encontramos ninguna irregularidad y mucho menos faltantes…”.

El Instituto Veracruzano de Acceso a la Información, IVAI, sin embargo, guarda sus reservas al adelantar sanciones por informaciones no entregadas.

A la cascada de yerros se suma la denuncia de una empleada por acoso sexual. La afectada señala que  laboró en la regiduría a cargo de Silem García Peña, quien se apresuró a desconocer que “existan casos de acoso en su oficina”.

Su dicho, sin embargo, no convence a pesar de que obligó a cuatro mujeres que laboran en esta regiduría a firmar una misiva de su jefe en donde se deslinda de tal acusación.

Son problemas menores de cara al caos citadito y los problemas de ceses y renuncias que están caracterizando la gestión de Américo a quien solo le interesa aparecer todos los días en los medios de comunicación que patrocina en donde se le ve inaugurando dudosas obras públicas.

Una foto cargando un niño, tomando un pico o una pala, en mangas de camisa, con vecinos “agradecidos” aplaudiendo a rabiar e invariablemente declarando hasta del tema más insulso.

Mientras Xalapa se desborda.

76 mil vehículos tienen atrapada la red vial. A ello se suman 800 automotores de carga, 6 mil 200 taxis y en paralelo la escasez de agua y el desorden en la recolección de basura.

Xalapa es un muladar donde se recolectan cerca de 115 mil 200 toneladas de basura al año; diariamente son unas 320 toneladas de basura las que los camiones llevan al relleno sanitario.

Pero Américo no se inmuta. Va al día en presencia mediática atorrante.

Todo en medio del caos y el alud de cambios y renuncias que se iniciaron con el despido el 20 de agosto del 2014 de Manuel Mesa, como responsable de la Secretaría del Ayuntamiento.

Fue el principio de un fin que no ve salida.

Desarrollo Económico se quedó sin titular por más de un año, luego lo de Arturo Zorrilla, obligado a renunciar por “motivos de salud”, lo de Zazyl Reyes y los “moches” y el anuncio de Américo de que todos los cambios “forman parte de una renovación, relevos y enroques por la conclusión de ciclos “.

Todo eso es “normal” para Américo quien adelanta que este mes de mayo habrá más cambios. Sigue la misma escuela del gobernador Javier Duarte en donde todo es normal y responde a “ciclos”.

Así que, mientras de cara a los medios se aparentan obras de relumbrón, en las colonias de la periferia se carece de agua, de pavimentación, de servicio de recolección de basura y Xalapa sigue siendo rehén de permanentes invasiones de parte de los antorchistas, los 400 pueblos, Luna, el Movimiento Popular y los golfos de Orfilio.

De la mano la presencia de ambulantes que ha crecido en un 300 por ciento ¿al amparo de quién?.. amén que el narcomenudeo ya sentó sus reales y el crimen organizado ya regresó a la capital.

Xalapa pues, está enferma.

El ayuntamiento está secuestrado por11 sindicatos y un sinfín de personal que inunda oficinas sin hacer nada y fuera de todo control el Cerro emblemático de Xalapa, el Macuiltepetl.

Una docena de violaciones han sido denunciadas sin que autoridad estatal –la municipal ni en cuenta- alguna de respuesta. Todo de cara a la irritación de las familias jalapeñas y grupos de atletas y corredores que dejaron de ir a ese pulmón natural.

La desforestación del lugar es, sin duda, otro de los grandes problemas que se viven ahí. Se ha dicho que no hay permisos para construir al pie del Cerro del Macuitepetl, pero ahí están los fraccionadores.

Asimismo en el fraccionamiento residencial de “Las Animas” empezaron a proliferar los edificios en las pocas áreas verdes que quedan y está por iniciar un gigantesco proyecto de 20 inmuebles de lujo al pie de la Central de Abastos, cuyo dueño es un conspicuo duartista.

La Xalapa de los 413 mil habitantes dejó de serla.

Alberga a más de un millón 200 mil en más de mil colonias. Y muchos de los problemas son de carácter estatal, pero la estrecha visión de estado de su alcalde ha propiciado que el ayuntamiento no avance, que sigamos siendo un pueblito.

A diferencia de Querétaro, Mérida, Guanajuato, Zacatecas, Aguascalientes, Puebla y tanta ciudad con centros históricos hermosos, limpísimos y bien cuidados, Xalapa no tiene uniformidad en el mobiliario urbano, la publicidad impresa en el comercio organizado y la hotelería es arbitraria; ningún color distingue al centro histórico y, por supuesto, no existe la menor intención de promover hostales, hoteles boutique o lugares turísticos limpios y bien promocionados.

Se cuenta con una gastronomía envidiable, pero no hay control en los precios. Hay que ser adinerado para ir a los restaurantes de Plaza las Américas donde el abuso prima.

Cansa citar tanto problema que agobia a la atribulada ciudad, pero esa es la triste realidad… y pensar que todavía le cuelga para que se vaya el descubridor Américo.

Tiempo al tiempo.