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21 de abril del 2017

A principios del siglo, cuando una familia construía su casa humildemente, en las afueras de Xalapa, se encontraron enterradas tres ollas repletas de monedas de oro. Al volverse ricos, edificaron una mansión y se transformaron en importantes ganaderos.

 

Esta gente, mareada por tanto dinero, se convirtió en personas avaras, egoístas y tacañas tanto como padres como las tres hijas. Los sirvientes eran tratados con desprecio y tenían orden de que toda la comida sobrante, fuese tirada en un pozo, que mandaron a cavar especialmente para los desperdicios.

Los padres murieron después de una larga y penosa enfermedad; las hijas pasaron su juventud y madurez en aquella residencia. Ninguna logró casarse porque estaban convencidas de que nadie las merecía. Años más tarde, dos hermanas murieron y solo quedo la mayor, la de peor carácter: obligaba a la servidumbre a cumplir todos sus caprichos, la dejaba días enteros sin comer e incluso, llegaba a azotarla. Su pasatiempo preferido era contemplar por horas enteras su jardín lleno de gardenias. La gente también pensaba que estaba loca, porque mandaba a regar las flores con mucha leche. Cuando ya era anciana, al presentir su muerte, arrojo todas sus riquezas al pozo.

La casa queso abandonada, rodeada sólo por gardenias. Y las personas que se acercaban con la intención de cortarlas, eran correteadas por una vaca, que se pasaba todo el tiempo cuidado las gardenias.

A principios del siglo, cuando una familia construía su casa humildemente, en las afueras de Xalapa, se encontraron enterradas tres ollas repletas de monedas de oro. Al volverse ricos, edificaron una mansión y se transformaron en importantes ganaderos.

 

Esta gente, mareada por tanto dinero, se convirtió en personas avaras, egoístas y tacañas tanto como padres como las tres hijas. Los sirvientes eran tratados con desprecio y tenían orden de que toda la comida sobrante, fuese tirada en un pozo, que mandaron a cavar especialmente para los desperdicios.

Los padres murieron después de una larga y penosa enfermedad; las hijas pasaron su juventud y madurez en aquella residencia. Ninguna logró casarse porque estaban convencidas de que nadie las merecía. Años más tarde, dos hermanas murieron y solo quedo la mayor, la de peor carácter: obligaba a la servidumbre a cumplir todos sus caprichos, la dejaba días enteros sin comer e incluso, llegaba a azotarla. Su pasatiempo preferido era contemplar por horas enteras su jardín lleno de gardenias. La gente también pensaba que estaba loca, porque mandaba a regar las flores con mucha leche. Cuando ya era anciana, al presentir su muerte, arrojo todas sus riquezas al pozo.

La casa queso abandonada, rodeada sólo por gardenias. Y las personas que se acercaban con la intención de cortarlas, eran correteadas por una vaca, que se pasaba todo el tiempo cuidado las gardenias.