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07 de abril del 2017

Pedro García, de oficio carpintero, iba todas las mañana a una maderería de la colonia Progreso a comprar tablas. Al pasar cerca de un huizache, que se encuentra aún en Tepic y en la avenida Xalapa, le parecía escuchar como el llanto de un recién nacido. Esto pasaba diario; incluso cuando comento con algunos de los amigos del barrio, le aseguraron que muchas personas ya se habían acostumbrado a oír ese lloriqueo a distintas horas del día. También le explicaron que las familias antiguas del rumbo decían que abajo del árbol estaba un bebe entero del espantoso crimen cometido por una madre. Hasta hoy se cree que su le rezaran misas, el difuntito dejaría llorar.