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18 de noviembre del 2016

En el libro “Ensayo Político de la Nueva España”, del sabio Alejandro Humboldt, al ocuparse de Xalapa, habla del Paseo de “Los Berros” y escribe que ahí existía un pantano en donde se producía exuberante esa yodosa verdura, de ahí el nombre de la famosa Alameda xalapeña que ha conservado siempre.

La leyenda que recuerda al notable paseo, que todos los estudiantes de la ciudad de Xalapa, en particular los preparatorianos, recuerdan con gran cariño, porque todos sin excepción, tienen un gaje de romances clavado en sus bancas y arriates cabe sus añosos árboles “reza”, ya resulta muy lejos el verbo del sujeto, mas culpa es de la añoranza que, a trasluz, vimos con los ojos de la imaginación; decimos reza, que en la Villa, allá en la época colonial, había un médico de fama bien lograda, que a las veces, le agradaba la disciplina de Clío y la Botánica; y  hasta muy entrada la noche tenía su luz encendida, haciendo sus búsquedas históricas e investigaciones de las plantas. Y de tal manera tan huraña y antisocial se conducía, que la gente mal pensada, murmuraba que poseía hábiles ardides en hechicería. 

Una vez, un pobre enfermo ictérico, consumido y destruido en su salud, fue a verle para consultarle; examinándole el “Físico”, comprendió que algún padecimiento hepático mataba a aquel hombre; y entonces, y con énfasis y sin admitir réplica o comentos, le dijo: “Coma berros del pantano que está al Sur del pueblo”.  Aquél paciente, dióse a ingerir la verdura diariamente y, transcurrido algún tiempo, volvió a ver al viejo médico, curado por completo.  En la Villa se supo del caso, y desde entonces se hicieron famosísimos los berros del pantano; y han tenido la suerte de legarle su nombre al lugar, aun cuando ellos hayan desaparecido para siempre.

 

Fuente: Leyendas de Xalapa, del Dr. Gustavo A. Rodríguez y Sáinz